Los precios de la soledad

¿Cuánto se pierde por estar solo? ¿Cuáles son los precios de la soledad? Hay una delgada línea entre la soledad por elección y la soledad que llega en algún momento de la vida que, irónicamente, también se elige, aunque de manera más inconsciente. 

La soledad por elección es cuando tú eliges que nadie más te acompañe porque has decidido que así tu vida es más fácil, menos complicada. Tienes relaciones pero pocos vínculos, y está bien, no es censurable. La soledad que eliges de manera inconsciente es más una consecuencia de un estilo de vida en el que tú eres tan resuelto que alguien más o se vuelve un peso o te sobra.

En ambos casos la soledad se establece y cobra precios. Tú crees que no. Tú crees que ser independiente es un gesto de madurez y estabilidad, pero nunca se está más solo que cuando sabes lo que quieres. La soledad es también un precio de conocerte y aparece porque ya no estás dispuesto a destinar tiempo y energía a quien o quienes no se alineen contigo, por lo que cada vez son menos los que se quedan. De cualquier modo, nunca es egoísta pedir lo que mereces.

En la soledad por elección, la moneda de cambio es la libertad porque crees que las relaciones atan y el compromiso te hace esclavo, pero es eso, una creencia, y aunque claro que hay una responsabilidad afectiva que cumplir, compartir un momento de tu vida con alguien más es una elección de ambas partes, todos los días, eso cancela sentirte atado al otro porque siempre puedes decidir.

Si vives un caso u otro, la soledad es la misma, y a veces, no te das cuenta cuando se ha instalado en tu vida. Si has elegido estar solo, ¿qué recompensa encuentras en ello o qué de ti no quieres exponer frente al otro? Si te encuentras solo porque algo de ti lo busca de manera inconsciente, ¿qué no has querido ver que limita tus relaciones o a qué le temes?

La realidad es que estar solo, cuesta, pero a momentos, cuando lo haces consciente, pues mientras, la soledad es cómoda y por eso es difícil salir de ella. Es seductora y complaciente; es permisiva, cómplice y no pide nada a cambio. Vivir en soledad es, en mucho casos, hasta divertido. Eres tú con tus modos, a tu manera, sin más opiniones, sin estar sujeto a otra decisión; por ello, la soledad es otra gran característica de nuevas generaciones: es fácil estar solo, sin crear vínculos profundos que impliquen responsabilidad. Pero esto también es un truco de la mente, esta te dice que “así estás bien”, que es sencillo vivir de esta manera. Recuerda que tu mente está hecha para mantenerte a salvo, y conocer a alguien para crear una conexión representa un riesgo. De manera biológica, la única manera de crear nuevas redes neuronales es aprender algo nuevo, hacer algo que nunca has hecho y solucionar ese obstáculo. De este modo, nuevos surcos se forman en tu cerebro como señal de una nueva habilidad. En la soledad, arriesgar es parte del juego. 

Pero es en la misma comodidad de la soledad en la que se pagan los precios. No son externos, porque para el mundo, vivirte en independencia es, incluso, admirable: sin ataduras, con todo bajo control, con la vida marchando sin pedirle nada a nadie, en libertad económica, fuerte para solucionar tus propios temas, estable. Los precios son de ti contigo. Tú los conoces. Sabes cómo es atravesar solo los momentos difíciles de la vida. Sabes cómo se vive cargar todo el peso sobre tus hombres. Sabes qué se siente pasar solo los domingos o llevarlo todo tú sin poder compartir con alguien la carga. Conoces lo incómodo de romper el hielo con los demás y lo ridículo que te sientes cuando aceptas contigo que no puedes solo, que esta vez te gustaría que alguien te apoyara y escucharas: ‘no te preocupes, yo me hago cargo’. Esos son los precios de la soledad, no tener que ir a comer o al cine solo, eso es algo que pasa y nada más. La soledad que cobra factura y vive contigo sin pagar renta es la que te tiene ahí porque parece que no hay otra opción. La mala noticia es que es tu elección. La buena noticia es que es tu elección. 

Si algo de esto resonó contigo y te diste cuenta que ya no quieres seguir en la comodidad de la soledad, comienza por preguntarte cuál es la recompensa que obtienes de ella. Observa si tu miedo es al contacto, a la intimidad o qué herida estás protegiendo. Muchas veces la soledad te mantiene lejos del dolor, pero los precios que tienes pagar por ella son prolongados y hieren más. Creemos que la conexión son chispas, pero también es práctica; es intentarlo una y otra vez hasta que te sientas cómodo contigo cuando eres con alguien más. 

La verdad es que elegir la soledad es muy cansado. Es cansado ser fuerte todo el tiempo. Es cansado estirarte para resolverlo todo. Es agotador ser tus pies y tu cabeza 24/7. Somos seres sociales, la vida se trata de compartir y convivir, de verte crecer acompañado. Es reconfortante que alguien te sostenga cuando no puedas mantenerte en pie, o te cuide, aunque tú te puedas cuidar solo. No digo que deba ser así para todos; la elección de ir solo en la vida es personal y siempre válida. Sin embargo, eso no resta que los precios a pagar son los mismos. Pero, si de alguna manera, has sentido que la soledad está ocupando demasiado espacio en tu vida, rétate a ti mismo a vivir más momentos de intimidad, dale chance también a los demás de acercarse, suelta la expectativa y reconócete en tu propia vulnerabilidad. Toma un riesgo. Aviéntate. Descubre un nuevo tú compartido, en expansión. Siento decirte que te volverán a herir, pero es parte de la vida: sin dolor no hay transformación ni paraíso. 

Al final, lo que nos apoya a evolucionar son nuestras relaciones, si nos negamos a vivirlas o dejamos a la soledad instalarse, no estamos perdiendo de esos espejos que representan cada una para conocernos más y mejor.

Marta Ro. 

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4 respuestas

  1. Fue brutal, me puse a llorar en cuanto lo leí, esa interrogante de que no quiero mostrar a los demás o qué herida no he sanado? Me partió neta, definitivamente mucha reflexión. Gracias por compartir

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