¿Qué es el liderazgo horizontal?

A un par de semanas de que termine septiembre, llegamos a este miércoles con el tema de liderazgo que más me apasiona, llamémosle “los planos” del liderazgo, donde podemos reconocer dos: el vertical y el horizontal. 

Si yo les preguntara acerca del liderazgo que han vivido o experimentado a lo largo de su vida, seguramente me hablarían del vertical, y no está mal. Desafortunadamente, el liderazgo vertical es el que impera en las estructuras organizacionales que conocemos y de las que muchos son parte; digo desafortunadamente porque las malas prácticas de un liderazgo también mal entendido han desvirtuado a la figura del líder y su propósito.

El liderazgo vertical ha perpetuado el sistema de jerarquías, posiciones, privilegios para unos cuantos, una falsa idea de delegar y mandatos antes que acuerdos ¿Está “mal”? Recuerden que este espacio es libre de juicios de valor. Prefiero llamarle ‘poco efectivo’; sin embargo, fue el tipo de liderazgo que se desarrolló, y en su momento, funcionó. Pero ahora es completamente obsoleto. 

¿Cómo aparece entonces “el plano” horizontal? Por la necesidad de renovar un tipo de liderazgo desgastado en fondo y forma que ha roto equipos y ha dejado a la cabeza a jefes antes que a auténticos líderes. La polarización del mundo en el que vivimos ocurre en gran medida por seguir alimentando estructuras desiguales en las que alguien manda y muchos otros ejecutan; en medio hay órdenes por cumplir y resultados que generar. Los grupos de los que mandan y los que hacen nacen de una idea separatista que no reconoce la equidad en un equipo, estructura u organización. Son ‘los de arriba’ los que dictan, ganan, y en muchos momentos, se aprovechan de ‘los de abajo’. 

El propósito de estas líneas no es poner a un liderazgo en contra de otro, sino de identificar la necesidad que existe de que el mundo se mueva hacia otro tipo de estructuras en las que todos sean partícipes, exista la pluralidad, la diversidad, la validez de todas las opiniones y la integración de todas las posiciones. Es necesario cambiar la noción de que el liderazgo es aplastante, notorio, ventajoso, cómodo y autoritario; aunque un líder se puede ver de muchas maneras comparte con sus iguales la visión del trabajo en equipo, de anteponer a la gente sobre el resultado, de inspirar antes que mandar y de llegar a acuerdos por encima de dictar órdenes. 

Un líder no es el dueño del resultado, es dueño de cuidar a la gente que genera el resultado. 

Ahora, puede ser posible que en lo estrictamente formal figuras como el CEO, presidente, director o dirigente nunca se disuelvan, y tampoco es el fin del asentamiento del liderazgo horizontal; sin embargo, en la práctica, todas estas figuras pueden ejercer su liderazgo y dirección a modo de hacer a todos parte de un mismo resultado a través de la inspiración. 

Un líder real es el que inspira, no el que convence o señala. 

El boom del liderazgo horizontal sucedió porque en un mundo informado y conectado como el de hoy es cada vez más evidente que se requiere de muchos y diversos talentos para conseguir el resultado dentro de una organización. La información pone de manifiesto la necesidad de conocer más y más perfiles de seres humanos con diferentes talentos y capacidades quienes puedan aportar para llegar a los objetivos. Un verdadero líder sabe que el poder no se centraliza, se reparte: cada mente es un universo de creencias, de maneras de ver la vida, de visiones, de proyecciones y de emociones humanas que le inyectan espíritu al resultado. 

En el liderazgo horizontal no se compite por saber quién es “mejor” para darle la posibilidad de mandar; todos los talentos valen y se reconocen como parte fundamental del esquema: no somos a pesar de ti, somos también gracias a ti. Todos son parte de una organización idealmente con propósito y valores. Todos hablan y se escuchan entre sí para ampliar el panorama y hacer en conjunto la mejor elección. 

En el liderazgo que quisiera ver cada vez más en el mundo y en mi país se aprecia el ‘más es más’: más ojos, más oídos, más corazones, más sesos, más manos, más recursos, más apoyo, más talentos, etc. Que sumen y no que resten a causa de la envidia o la competencia. Pero para lograrlo hace falta más que desearlo, hay que practicarlo y ejercerlo cada día; para ello no basta con solamente localizar el objetivo, es necesario dejar de ver hacia arriba o hacia lo lejos y mirar a lado, a lo que está y a quienes están cerca. El reto no es llegar rápido, es llegar lejos y no es posible hacerlo solo. 

Comencemos por escuchar más y hablar menos; por observar antes que juzgar y por empatizar antes que señalar. El liderazgo también se construye desde el momento en el que se está dispuesto a dejar de guardar el poder en el puño. 

Marta Ro. 

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